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Cuadro San Onofre por José Ribera, año 1637. Aparece como ermitaño semidesnudo en oración, frente a una mesa donde se encuentran depositados un cetro, una corona y una calavera

San Onofre y su relación con Sigüenza

 

San Onofre es un santo poco conocido actualmente, pero que antaño concitaba gran devoción. Eremita egipcio, vivió una vida de extrema austeridad, atribuyéndole determinadas leyendas un origen real. Sigüenza tiene una doble relación con el mismo:

El guitón Onofre

"El Guitón Onofre" es una novela poco conocida, pues aparentemente sólo circuló en copias manuscritas y nunca llegó a ser impresa. Su autor fue Gregorio González, riojano. Poco se sabe del autor, y menos porqué tenía a lo que parece un buen conocimiento de Sigüenza y sus alrededores. Aquí me limitaré a transcribir algunos de los párrafos mas evocadores. Al lector que desee conocer más cosas sobre dicho personaje y su tiempo le remito a la edición de donde extraigo los fragmentos[1].

Yo nací en un lugar junto a la ciudad de Sigüenza que se llama Palazuelos y , por mal nombre, Engañapobres. [..] la causa de que le llamen Engañapobres es porque el lugar es de brava ostentación, de cercas muy buenas y levantadas, adornadas con muchos torreones y un famoso castillo que las hermosea, de suerte que quien no le conoce, viéndole de lejos, con aquella presencia poderosa, piensan que hay dentro los tesoros de Venecia, y así a él acuden pobres como moscas. Pero dentro no haya sino bien cuantas casas o, por mejor decir, chozas derribadas..[..] Mi padre se llamaba Jorge Caballero, mi madre Teresa Redondo y, según ellos solían contar, porque yo nací  día de señor San Onofre, no queriendo quitarme lo que Dios y el derecho me daban, me llamaron Onofre Caballero (Capítulo I).

Fotografía antigua de Palazuelos, mostrando castillo y murallas

Nacido de padres labradores, al poco tiempo queda huérfano de ambos. Queda encomendado a un tutor, Rodrigo Serbán, pero tras una serie de peripecias en su casa, entra al servicio de un sacristán de la catedral de Sigüenza. Aunque sería muy prolijo exponerlas aquí, nos limitaremos a mostrar algunas imágenes antiguas de la ciudad, junto con los textos donde mejor se nos describen.

Fotografía antigua de la Travesaña Baja, antes de 1936

La Travesaña Baja

Como llegué a Sigüenza,  que fue muy en breve por ser muy poca la distancia de lugar a lugar, luego pregunté por mi amo  y, como no lo hallase en casa, fuíme a ver la ciudad, y andando por ella atónito, como  quien no había visto otra, llegué a la Travesaña, que es el nombre de la calle más principal y adonde está la contratación de los mercaderes (Capítulo II)

Dicha calle concentraba lo mas granado del comercio de la ciudad y sus locales eran muy cotizados. Entre la multitud de géneros que allí se mercaban estaban los propios de los hombres de letras: libros, papel, pergaminos, etc. Una de las tiendas especializadas en estos géneros se llamaba [4] precisamente El Escriptorio, seguramente muy frecuentada por los estudiantes con los que Onofre convivirá.

Una vez instalado en casa del sacristán, descubre que este es un ser ruin que prácticamente lo mata de hambre. En su casa aloja a tres estudiantes, que serán las nuevas víctimas de las trampas de nuestro pícaro. Mientras tanto él encuentra trabajo en la catedral, desempeñando labores auxiliares.

Fotografía anterior a 1936 mostrando el trascoro de la catedral de Sigüenza, coronado por remates barrocos

La catedral

A la mañana levantámonos (en buen pie lo diga). Fui con mi amo a la iglesia. Quedéme de verla absorto y embelesado: a quien poco ha visto poco le espanta; que, aunque era mucho, dicen bien,  que la rareza de las cosas es madre de la  admiración. Diome mi amo cargo de barrer el sagrario y deshollinarlo.[..] 

En tocando a vísperas, acudimos a la obligación, cumplimos con ella y, en acabando, dimos con nuestros cuerpos en el juego de bolos. ¡Qué bien sabe el entretenimiento, echando el cuidado aparte! (p. 115-116)

 

 Fotografía antigua de la Plaza Mayor, con viandantes y bestias de carga

Una vez idos los estudiantes, los rigores de la tacañería del sacristán se hacen insoportables. Nuestro pícaro se aprovecha de las veleidades del sacristán, haciéndole creer que una dama de alta alcurnia de la cual está secretamente enamorado le corresponde. Esta situación de enredo va provocando diversas situaciones, hasta desembocar en un final hilarante por lo esperpéntico. 

Fotografía de la Torre del Sagrario o del Gallo, desde los soportales del Ayuntamiento, en imagen anterior a 1936

La Torre del Sacramento o del Santísimo (hoy del Gallo) y la Plaza

Fue, pues, el caso que algunos días había que mi sacristán acostumbraba a subir por tarde y mañana a la torre que llaman del Sacramento. [..] Determinéme, puse faldas en cinta y  entré por el vado. Subí tras él, seguí sus pasos y acechele comer y beber y mirar por los agujeros. [..]  El efecto, vi que él, de la torre y una dama llamada doña Felipa, de un corredor, se estaban haciendo señas. [..]  El hablaba y ella respondía, que, aunque no intervenían razones, los que bien se quieren con los ojos del ama se comunican. ..] doña Felipa, la que posa en la Calle Mayor, la hija de aquel señor principal. (Capítulo VI)

 La descripción de la casa de dicho señor principal es la siguiente:

Llegamos y llamamos. Entramos y al fin, subimos hasta donde estaban Alberto y doña Felipa, que, en viéndola, le puse una cara de bodegonera tuerta, por que de catar vinagre.  Salime a un corredor que estaba allí fuera y estando esperando harto atormentado de pensamientos, abrió la criada un aposento que estaba en él para aderezarle muy bien adornado; y como siempre se van los ojos tras lo bueno, yo me engolosiné, y poco a poco fui entrando y haciendo admiración, preguntando cosas codicioso de saber lo que eran.

Este -me contaba ella- es nuestro Señor, que llevaba la cruz a cuestas cuando iba por la calle de la amargura. Este es san Jerónimo, que pidiendo a Dios perdón de sus culpas, se está dando con aquella piedra de golpes en los pechos.

Yo, por tentarla, le pregunté que cómo, desde que habíamos entrado, no se había dado ninguno. Respondíome que también a ella se le había ofrecido muchas veces aquella duda y que nadie se la sabía decir. Reíme y díjele que pasase adelante. Prosiguió diciendo:

- Este que está con esta bola al hombro es Atlante, y éste que está puesto de pies sobre esta otra es el Emperador Don Carlos.

- ¿Y esta cama tan linda? - le pregunté yo.

-En ésta -respondió ella- duerme mi señor. En ésta de adentro, mi señora Felipa.

[..] 

Díjele que doña Felipa le besaba las manos y que me había dicho que, con el collar de aquella perrilla, se procurase esconder en unas corralizas que estaban junto al zaguán de su casa y, en estando en ella acostados, que subiese y entrase por el aposento del padre, sonando los cascabeles, fingiendo ser la perrilla, al suyo, donde podría -satisfaciéndose del pasado engaño- hablarla con espacio y que enviaba la perrilla, porque antes quería que sospechasen que se había perdido que no que le viesen los cascabeles menos.

Excuso decir que con dichos preparativos, el sacristán se cubre de un ridículo espantoso, tanto que nuestro "héroe" se ve forzado a huir de la ciudad  para proseguir sus aventuras por otros derroteros.

La desaparecida  ermita de San Onofre 

En Sigüenza había antiguamente una ermita dedicada a San Onofre, que no ha llegado hasta nosotros.

Como siempre, Minguella[3, pag. 604] nos ofrece noticias de la misma:
En el Ayuntamiento de 13 de abril del año referido (1609) se leyó una petición de Bartolomé de Villafuerte, cordonero, vecino de esta ciudad presente el susodicho, por la cual pide a sus mercedes que atento que se le ha dado licencia en el liego de esta ciudad para poder hacer un Humilladero del Sr. San Onofre en un pradito que está mas adelante del Monasterio del Carmen de esta ciudad y pidiendo licencia a Su Señoría Ilustrísima el Sr. Obispo de esta ciudad ha reparado en que era necesario hubierse renta para el reparo del dicho Humilladero para que estuviese siempre en pie: y visto esto el quiere hacer a su costa y dará acabada la dicha ermita, toda ella de piedra franca, sin que lleve género de madera ninguna ni en el tejado, con su puerta nueva con cerraduras y su altar con el Santo que tiene hecho para dicho efecto y darla como la da a esta dicha ciudad para que como suyo sean patronos para que adelante lo hagan reparar en caso que convenga, que desde luego para cuando esté acabado y hecho se desiste y aparta del derecho y acción que podrá y pueda tener, y pide se le haga merced de esto que pide que sea muy gran servicio al bienaventurado San Onofre. Por lo cual sus mercedes habiendo conferido y tratado sobre ello recibieron en si la dicha ermita por de esta ciudad y obligan a ello sus propios y rentas y hacienda de que tendrán en pie y harán reparar y reedificar de lo necesario.
Añadiendo la nota siguiente: El fundador murió a 7 de octubre de 1619 y fue enterrado en la ermita.

A continuación ofrecemos fragmentos de un documento[2] donde aparecen diversos testimonios sobre la ermita de San Onofre, poco antes de decidirse su derribo a finales del siglo XVIII.

El Fiscal dice: que en el Badillo, sitio de esta ciudad y antes de llegar al Jardín de San Francisco, entre las huertas se halla la ermita que se nomina de San Onofre, que no sirve hoy en día mas que para que echen inmundicias dentro y  en su portada, con las puertas abiertas y  sin estar el santo con la decencia y veneración debida, habiéndose llevado según se le ha dado  noticia la Reliquia del Santo, con el correspondiente  adorno de plata y de  consiguiente ...  otras cosas Santiago Armero, vecino de esta ciudad, en cuyos  términos se ha de servir el Tribunal respecto de ser notorio cuanto lleva dicho, trasladar el santo, por la persona que sea de su satisfacción con la decencia debida a la ermita de San Roque  extramuros de esta ciudad y  mandar que el dicho Santiago Armero restituya la reliquia y demás alhajas que había recogido y se coloquen en la referida ermita de San Roque, por inventario como lo pide el fiscal,  Sigüenza y febrero 16 de 1784.

Informe

En la ciudad de Sigüenza a los dichos veinte y ocho de febrero de mil setecientos ochenta y cuatro años yo el Notario Oficial Mayor hice saber y notifiqué el auto de a antes a Santiago Armero, vecino de ella por quien enterado de su conveniencia puesta de manifiesto la Reliquia de San Onofre,  con su pie de plata que se halla colocada en una cajita de  pino con  vidriera pequeña y cuadrada con su puertecita por el ... dentro de ella un  pañico de tafetán blanco ... Que la citada reliquia con el  pie de plata y la cajita y paño que se le han puesto presentes es la misma que  con título de San Onofre ha estado colocada en el retablo del santo y su ermita extramuros de esta ciudad desde que se fundó por un bienhechor, por cuya muerte y por especial encargo de éste han cuidado de la citada  reliquia, aseo y limpieza del expresado retablo y ermita los abuelos y parientes del que informa en el tiempo  que respectivamente vivieron cada uno  y lo mismo  ha ejecutado este hasta el presente por la especial devoción que ha tenido y tiene al Santo, como sus antecesores, sin que en todo el tiempo que hace tiene uso de razón  haya visto y tenido en su poder otra alguna reliquia del Santo con mayor ni menor pie de plata que el que tiene la ya citada como si fuere necesario podrán informar también al Señor Provisor Don Hipólito de Olier, prebendado de esta Santa Iglesia la Librada que está espirituada y ha cuidado también de dicha ermita y otras personas de la ciudad que la tienen bien vista y reconocida; ignorando si  tendrá por auténtica la referida reliquia, por cuanto jamás la ha visto ni menos oído a sus parientes y abuelos. Que es cuanto puede informar a dicho Señor Provisor y en caso necesario lo jura y lo firmó con mí el Notario en Sigüenza y febrero veinte y ocho  de mi l setecientos ochenta y cuatro años.

Añadiendo al informe antecedente el referido Santiago Armero que con motivo de haber cortado los árboles que había delante de dicha ermita y en su circunferencia de orden de la Justicia de la Ciudad, de diez y ocho o veinte años a esta parte, junto con el río o Via Crucis que remataba frente a la expresada ermita por haberse cercado y hecho huerta aquel territorio como lo es hoy día, dejando esta ermita islada  con la cerca de la referida huerta de hortalizas, que por los riegos y humedades que la circundan ha padecido y está padeciendo mucho daño y perjuicio, sin habérsela dejado campo correspondiente a su entrada y salida,  sólo un callejón como de nueve pies de ancho, de forma que por ello se ha perdido  la devoción en muchas personas que iban a rezar  así el  que informa como la referida Librada, han dejado en tanto el cuidado de la ermita  sin haber persona que prosiga la referida obra, así por no tener papeles que pudieran aclarar el asunto, como  por ignorarse en caso de que los haya  donde paran  a  no ser en el Archivo de la Ciudad.  Lo firmó.

Información

En la ciudad de Sigüenza a veinte y nueve de marzo de mil setecientos ochenta y cuatro años yo el infrascrito Notario Oficial Mayor   del  Tribunal Eclesiástico de ella y su obispado,  aceptando como acepto la comisión que se  me confiere por el auto antecedente hice parecer ante mí a Don Antonio Martín de Serante,  Capitán de Infantería y Ayudante Mayor del  Regimiento Provincial de esta  dicha ciudad  en calidad de testigo para la información mandada recibir en dicho auto del cual tomé y recibí juramento que el susodicho hizo por Dios Nuestro Señor y a una señal de cruz bajo la cual  ofreció decir verdad  en lo que supiere y fuere preguntado y siéndolo del tenor de  los particulares  que  contienen el referido auto dijo ser público y notorio en la ciudad que la ermita de San Onofre se halla cercada  entre huertas de hortalizas  mas arriba del arroyo que llaman del Badillo, y al frente del convento de San Francisco, apartada del Camino Real y  sin mas transito para rezar al Santo que es el de un callejón como de a diez pies de ancho por  cuya causa y la de hallarse  toda  en aquel terreno sumamente húmedo  con  las lluvias  que  se experimentan ha observado el testigo haberse resfriado en muchas personas que tenían devoción al santo el ir y  rezarle, como  también que por hallarse como lleva referido apartada del camino real y cercada de paredes y en dirección que no  se vean las personas que pudiera haber junto a la puerta de dicha ermita hasta que los que transiten por el  camino real  confronten con el citado  callejón no  duela  que sirva la expresada ermita de abrigo  para echar junto a ella inmundicia y expurgarle las gentes que quieran tal vez cometer maldades, lo que cede en menosprecio de la religión católica romana, honra y culto que se merece  el Santo, por lo cual tiene el testigo por muy conveniente que éste se traslade con su retablo a la ermita de San Roque, inmediata al convento u otra que fuese del agrado del Señor Provisor  en la cual sea venerado con su reliquia y continúe la devoción de los fieles, demoliéndose la ermita y levantando la lauda y huesos del fundador de ella,  que tiene entendido está enterrado en ella, y colocarlos donde dicho Señor Provisor determinase. Y es cuanto puede decir y la  verdad por el juramento que ha hecho, leyósele esta su declaración y en ella se afirmó y ratificó,  expresó ser de edad de cuarenta y siete años, poco mas o menos y lo  firmó de que doy fe.

testigo Hipólito de Olier y Martínez

Continuando en esta justificación, yo el referido notario hice parecer ante mi mas por testigo  para ella a Don Hipólito  de Olier y Martínez, presbítero y prebendado  de la Santa Iglesia Catedral de esta ciudad, del cual usando de la comisión que me está  conferida, tomé y recibí juramento que le susodicho hizo  según su estado sacerdotal, bajo del cual  ofreció  decir verdad en cuanto supiere y fuere preguntado, y siéndolo al tenor del  auto de oficio que  motiva esta información y le ha sido leído dijo: Que desde que  empezó a tener uso de razón, hasta de diez y  ocho  años a esta  parte,  conoció  que el Viacrucis que había antiguamente en esta ciudad y con especialidad  las  Estaciones del Calvario, Soledad y Sepulcro, remataban pasado que era el arroyo que llaman del Badillo, y  poco más arriba de la ermita  que de piedra sillar se halla dedicada al culto y veneración del Glorioso San Onofre,  con quién advirtió  y vio que  toda  o la mayor parte de la ciudad que  acostumbraba andar dichas estaciones tenía particular devoción por  ser el terreno que ocupaba erial poblado de árboles a la sazón y el mas a propósito que había en la antigüedad, de forma que  por ello y la especial devoción que el testigo ha tenido  y tiene al Santo fue causa de traer en el Pontificado del  Ilustrísimo Señor Cuesta,  Obispo y Señor que fue de esta ciudad, breve particular de Roma con indulgencia plenaria por espacio de siete años para todas las personas que quisieron visitar al Santo en sus  Vísperas y día propio, con lo que se aumentó mucho  mas la devoción, hasta que cumplido el referido tiempo y con motivo de haberse dado  facultad  por la ciudad para cortar la arboleda que  había, roturar y cercar aquel terreno inmediato al Camino Real  que se ha hecho huertas de hortalizas, se ha resfriado tanto la devoción de los fieles y tal vez haberse causado en él algunas indecencias,  que fue preciso acortar el citado  Calvario, rematándolo en el Convento de San Francisco de esta ciudad, donde hoy se mira, dejando solamente en el citado terreno cercada la expresada ermita de San Onofre, y entre dichas huertas como en el día permanece, sin mas hueco que el de un callejón  para si algún devoto quiere ir a rezar al Santo, quien al presente se halla con tal indecencia que así por lo expresado  como por lo  húmeda que se halla dicha ermita y echarse  junto a ella inmundicias y no exponer a que se causen maldades ni otros desacatos,  tiene por muy  conveniente el  que se mude la imagen del Santo con su retablo y demás ornamentos que tuviese  con la lauda y huesos del  bienhechor que construyó dicha ermita, a la de San Roque, inmediata al referido convento de San Francisco u otra que fuese del agrado del Señor Provisor, colocando también en ella la reliquia del Santo, la que habiendo visto y reconocido el testigo con el pie de plata que tiene, advierte ser la misa que siempre habitó en dicha ermita,  aunque no ser auténtica por que jamás ha tenido noticia de ella. Que es cuanto puede decir y la verdad por el juramento que ha hecho, leyósele esta su declaración y en ella se afirmó y ratificó . Expresó ser de edad de cincuenta y un años poco  mas o menos y lo firmó de que doy fe.

testigo Antonio Aranz

En dicha ciudad dichos día  mes y año, yo el referido notario hice parecer ante mi mas por testigo a Antonio Aranz, Notario Oficial Mayor del Tribunal Eclesiástico de ella, de quien tomé y recibí juramento que el susodicho hizo como se requiere por derecho, bajo del cual ofreció decir  verdad en lo que fuese preguntado y siéndolo al tenor del auto de oficio que motiva esta información dijo: Que tiene por muy útil y conveniente el que la imagen de San Onofre con su reliquia y retablo que se hallan en su ermita extramuros de esta ciudad se trasladen y coloquen con la lauda y huesos del bienhechor que la fundó y tiene entendido se halla enterrado en ella, a la de San Roque como mas inmediata a la ciudad u otra parte donde el  Señor Provisor determinase, pues de este modo continuará la devoción, honor y culto del Santo y evitarían las irreverencias que se le han hecho en su ermita, por hallarse ésta en el comedio de una huerta de hortalizas, cercada de piedra, sin mas tránsito que un callejón estrecho que solo sirve para echar basura de personas y caballerías y espulgaderos de gentes, por lo cual y hallarse la  referida ermita muy húmeda por la continuación de riegos ha advertido el testigo haberse perdido en gran parte la devoción al Santo y tiene también por conveniente que se  demuela aquella y se aprovechen sus materiales, en lo que el Señor Provisor determinase también. Que es cuanto puede decir  y es la verdad por le juramento que ha hecho, leyósele ésta su declaración y en ella se afirmó  y ratificó. Expresó ser de edad de cincuenta y un años poco mas o menos y la firmó que doy fe.

Vista aérea tomada en 1935 de la zona de huertas tras el antiguo convento de San Francisco, hoy colegio y convento de Ursulinas, donde debió de ubicarse la ermita de San Onofre.

Vista aérea 1935. En ella se aprecia la huerta de Sigúenza prácticamente sin edificaciones, en vivo contraste con la actualidad

[1] Gregorio González El guitón Onofre Clásicos Almar, Salamanca 1988

[2] San Onofre, Sección Civil, año 1784, Archivo Histórico Diocesano de Sigüenza

[3] Toribio Minguella, Historia de la Diócesis de Sigüenza y de sus Obispos, Madrid 1913

[4] Archivo Histórico Provincial de Guadalajara, Sección Protocolos Notariales, Notario: Agustín de Cetina, Legajo P2022, año 1622

 

 

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