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¿Un mini-Cerro de los Santos?

Vista del cerro de La Quebrada y Cantoblanco desde el entorno del Cerro de San Cristóbal

Los cerros de Canto Blanco y La Quebrada, vistos desde el norte

Hace muchos años (¿1974?) conocí a Galo de Badiola, un canónigo de la Catedral que continuaba con la costumbre del clero local de interesarse por todo lo que fuera arqueológico. Encontré dicha afición fascinante y estuve varias veces en su casa, entreteniéndose él en enseñarle las piezas de su colección a un chaval de 13 años como era yo entonces. Es curioso con que fuerza retenemos los recuerdos en dichas edades; recuerdo que un día me narró una historia muy similar a ésta, acaecida en el Cerro de la Quebrada, cercano a Sigüenza:

Un día siendo un joven (¿década de 1920?), paseando por el cerro de la Quebrada encontré una figura de piedra con forma humana. La llamé "mi Hércules" y empecé a correr alocadamente de alegría. En uno de los brincos que pegué, la figura se me fue de las manos y se hizo pedazos contra el suelo. Estuve lamentándolo mucho tiempo, y sólo pude recuperar un trocito de la cara.

Su testimonio no era despreciable, pues aunque no fuese un especialista, conocía sobradamente las características de las civilizaciones que han ocupado la península. Recuerdo su colección, dispersada a su muerte entre sus herederos. Entre la multitud de monedas iberas y romanas, industria lítica de todo tipo, un "bastón de mando" entero, no como este, etc. estaba el "trocito de Hércules" que se había salvado. Se limitaba a un fragmento de piedra caliza blanca donde se apreciaba un ojo ovalado de buena factura, sin pupila, con una ceja grande, prominente y lisa y lo que asemejaba el arranque de la nariz. Por la descripción que me hizo del mismo el cuerpo era aproximadamente cilíndrico y estrecho, con los brazos pegados al mismo. Si hubiese correspondido a una figura de tamaño completo, ésta habría rondado los 25 cms, con una cabeza de unos 10 cm de diámetro. Lo consigno aquí para que el dato -no sé si conocido por otros- no se pierda.

Con el paso del tiempo siempre he encontrado dichos ojos en la escultura votiva ibérica, aunque es difícil no tener mas que la propia memoria para comparar. Sin embargo, existe algún testimonio del hallazgo de estatuillas por la zona, uno de ellos recogido en una de las obras pioneras del conocimiento del arte antiguo peninsular. Paso a recogerla.

Hallazgo publicado en 1903

Manuel Pérez-Villamil nos recuerda en 1899 un hallazgo producido unos años antes en una muro de tierra supuestamente situado en tiempos entre el castillo y el paraje conocido como el Bosque, el ya familiar para mis lectores Barranco del Vadillo. Los autores califican dicho muro de tierra como "muralla" y la afirmación por parte de Pérez-Villamil de que la escultura podía tener origen fenicio ha logrado fortuna entre la historiografía local, que asigna dicho origen al castillo. Nótese también que el estudioso que recoge la figura (Carlos Rodríguez Terno) es canónigo en la catedral de Sigüenza.

Todavía quedan trozos de murallas de tierra por la parte del Fuerte que mira al Bosque y donde hace pocos años se encontró un ídolo de barro, al parecer de procedencia fenicia [Manuel Pérez-Villamil La Catedral de Sigüenza Madrid 1899, página 25]

Estatuilla encontrada en 1877 en un muro del castillo de Sigüenza. Se presentan tres vistas: trasera, frontal y lateral. Representa un hombre tocado con un casco sin cimera, con dos toscos brazos que se unen en la parte frontal, en actitud de sostener un objeto con ambas manos

A pesar del crédito que nos merece Manuel Pérez-Villamil, hemos de reconocer que su testimonio es en ésta ocasión extrañamente vago e impreciso para lo que él acostumbra; quizás no conociera personalmente la pieza en el momento de escribir su obra (1899). En vivo contraste, tenemos el lujo de contar con el siguiente texto, que recoge el testimonio de alguien muy cercano a los hechos:

Iconografía Representa tal vez a la deidad lunar de los iberos cierta figurilla de barro, todavía inédita, que examinó a la raíz de su hallazgo el Sr. D. Aureliano Fernández-Guerra, y acerca de la cual puedo adelantar las siguientes noticias, que ha tenido la bondad de franquearme el eminente geógrafo e historiador:

El idolillo es de arcilla y se descubrió en el año de 1879 desescombrando la parte más antigua del palacio y fortaleza de Sigüenza, llamado La Trapa. Estaba en un mechinal de antiquísimo argamasón revestido posteriormente por muro romano. Yo vi este curioso monumento en aquella ciudad pocos días después de haber parecido; y el señor obispo Gómez Salazar, ahora metropolitano de Burgos, mandó que se obtuvieran fotografías de él.

Mide unos 12 centímetros de alto: no tiene más que hasta el arranque de los muslos; la cabeza es casi tan grande como el arca del cuerpo; las cuencas de los ojos emparejan con los labios y parecen hechos con los dedos índice y pulgar para que a su presión resultase formada la nariz. La cabellera cubre por detrás todo el cuerpo hasta el suelo. Une ambas manos sobre el estómago, y ostenta por cima del bajo vientre, sobre las ingles y principio de las caderas, la media luna creciente muy delgada. No cabe duda que es éste un simulacro de la diosa celeste, muy venerada por los primitivos pueblos españoles [Joaquín Costa Martínez, La Religión de los celtíberos y su organización política y civil, 1917, páginas 136-7]

Notemos que el hallazgo de una estatuilla casi informe no pasó desapercibido, sino que incluso mereció la atención del obispo de la ciudad, que ordenaría que fuese fotografiado. La descripción del objeto es muy completa, pero quizás excesivamente dependiente de la asumir estar constituido en arcilla. Si era arcilla, ¿como es que no se hizo pedazos al extraerla de un muro de argamasa? Quizás sea éste el motivo por el cual Pérez-Villamil afirmaba que había sido encontrada "en un muro de tierra", para darle más plausibilidad a las circunstancias del hallazgo.

A continuación ofrecemos otro testimonio, que al publicarse en el extranjero, tuvo mucha más repercusión. Sin embargo, el autor confiesa conocer el hallazgo únicamente a través de fotografías (quizás las tomadas por orden del obispo en 1879) [Pierre Paris Essai sur l'art et l'industrie de l'Espagne primitive, Tomo primero, Paris 1903, figuras 61, 62, 63 páginas 82-83].

Je puis faire entrer dans la même série, quoique la région d'où elle provient soit moins retirée, une horrible statuette trouvée à Sigüenza, aux confins de la vieille et de la nouvelle Castille. J'en dois la connaissance à M. Edw. S. Dodgson, qui m'en a ennvoyé des photographies grâce à l'extrême obligeance de D. Carlos Rodríguez Terno, chanoine dela cathédrale de cette ville. Ce magot a été retiré en 1877 de l'intérieur de la muraille du Castillo de Sigüenza, et D. Carlos l'a recueilli. La gravure ci-jointe dispense de décrire l'affreuse caricature, contrefaçon malgré elle grotesque d'une forme humaine. Les intentions du barbare qui l'a modelée sont difficiles à saisir: je me contente donde de remarquer que le personnage est terminé à la naissance des jambes; il ne semble pas qu'il y ait casure; la statuette est complète, et sans doule il faut croire que la même idée qui a fait couper les guerriers lusitanicus au dessous des genoux a dédicé l'auteur a réduire le bonhomme de Sigüenza à la partie supérieure du corps.


M. Dodgson m'a écrit que l'ébauche de Sigüenza est de yeso. Dans ce cas D. Carlos Rodríguez Terno n'aurait qu'un moluage; mais je cois plutot que M. Dodgson a été trompé par l'apparence el que l'objet est en calcaire plus ou moins blanc et friable. J'en ignore du reste les dimensions exactes; et n'ayant pas vu l'original, je fais toules mes reserves quant à une erreur d'apprécitaion et d'authenticité. Cependant il suffil de parcouir l'etude de M. Salomon Reinach sur "La sculpture en Europe avant les influences grécoromaines" (L'Anthropologie 1894, 1895, 1896) pour que les doules soient à peu près détruits. On trouve là représentées de nombreuses figurenes qui suscitent la comparaison

Que yo sepa, la escultura no ha llegado hasta nuestros días. En caso contrario, quizás nos podría aclarar algunas de las pequeñas discrepancias que afloran en los textos anteriores y que a continuación resumo.

Pérez-Villamil (1899) Pierre Paris (1903) Joaquín Costa (1917)
Testigo presencial NO NO Recoge testimonio literal de Aureliano Fernández-Guerra
Año del descubrimiento NO 1877 1879
Lugar del hallazgo muro de tierra, ladera este del castillo interior de la muralla del castillo mechinal de antiquísimo argamasón revestido posteriormente por muro romano, en un lugar llamado La Trapa
Material de la estatuilla arcilla aunque le proponen yeso, él se inclina a considerarlo de piedra arcilla

Quizás sirva para explicar la discrepancia en fechas entre Pierre Paris y Joaquín Costa el dato de que Fernández-Guerra visitó la ciudad de Sigüenza en 1878, a invitación de Manuel Pérez-Villamil, como orgullosamente nos informa este último [M. Pérez-Villamil, "La catedral de Sigüenza", Madrid 1899, página 25]. Sería en dicho momento cuando le informaron del hallazgo del exvoto y divulgó su existencia.

Donde apareció

De las descripciones realizadas sobre el lugar del hallazgo, las más completa es el testimonio de Aureliano Fernández-Guerra, transmitido por Joaquín Costa, que habla de un " mechinal de antiquísimo argamasón revestido posteriormente por muro romano, en un lugar llamado La Trapa". Reconociendo que no había oído nunca semejante lugar, intentaré ofrecer al lector una idea -siquiera aproximada- de su localización.

Grabado representando a Aureliano Fernández-Guerra sentado, pelo y bigote canos, mano izquierda apoyada sobre una mesa
Retrato de Aureliano Fernández-Guerra y Orbe, (Granada 1816, Madrid 1894), publicado en La Ilustración Española y Americana, Año 38, n 34, 15 de septiembre 1894.

 

Antigua postal mostrando la cara menos conocida del castillo, la que da al sur, antes de las reformas del siglo XX

Antigua postal donde se aprecia la fachada del castillo opuesta a la ciudad.
Obsérvese el recinto almenado (las almenas están tapiadas) que lo protegía

En la fotografía, que dataría de los comienzos del siglo XX, tendremos la fisionomía que presentaba el castillo de Sigüenza en su fachada sur. El conjunto estaba notablemente envejecido y deteriorado, habiendo perdido buena parte de sus características guerreras en favor de un uso civil (beneficencia). Es en esta fachada donde estaba situada la "cárcel eclesiástica" (historia de Sigüenza, manuscrita, del deán Mariano Juárez), sin que podamos precisar el lugar exacto; el motivo de situarse la cárcel aquí seguramente era debido al aislamiento que se deseaba imprimir a la reclusión, pues la fachada da como hoy a una zona totalmente despoblada, donde no llegasen los ruidos de la ciudad. Quizás por ese mismo motivo -el silencio- estuviese situada en esta zona la porción del castillo que se denominaba  "La Trapa" en 1917.

La misma vista de la postal anterior, pero casi con un siglo de por medio. El castillo ha sufrido una profunda transformación, despareciendo muchos de sus elementos más característicos

La misma vista, tomada transcurridos unos 100 años 

Como podemos apreciar al comparar ambas fotos, las modificaciones han sido profundas. Concerniente a lo que nos interesa, han desaparecido casi completamente las fortificaciones que -aunque cegadas y con aspecto de simple tapia- protegían el flanco más débil de castillo. Al desaparecer éstas, dejan al descubierto la plataforma rocosa que rodeaban. Posiblemente estos fueran los muros descritos como fabricados por tierra o argamasón de que nos hablan los textos antes mencionados.

Quizás el último vestigio de los muros antiguos, con las torres restauradas como fondo

Esquina sureste del castillo, mostrando los restos de la plataforma defensiva.
Se apoya igualmente en una plataforma rocosa.

 Con el paso del tiempo el perímetro del castillo fue creciendo; en la fachada sur, esto se conseguía construyendo muros de contención y rellenando el hueco con escombros. La calidad de ejecución de estas ampliaciones variaba considerablemente, como se puede apreciar en la imagen siguiente.

Detalle de la plataforma defensiva que pervive, mostrando a su vez la ampliación que sufrió

Un detalle de la esquina de la única plataforma superviviente. En ella se aprecia
claramente la extensión efectuada con mampostería (lado izquierdo de la imagen)
sobre un muro con un componente importante de piedra de sillería (lado derecho de la imagen).

Las continuas ampliaciones de la plataforma rellena no obedecían exclusivamente a motivos estratégicos. Posiblemente estuvieran también motivadas por la necesidad de evitar los derrumbes de dichos muros de contención. Todavía hoy en día se aprecian con facilidad los estragos que la degradación de la piedra ha ocasionado en los bloques de arenisca que componen la base de los muros. Una degradación tan acelerada que aparentan ser mucho más antiguos de lo que realmente son: quizás por ello se refiriesen a los mismos como "muros romanos".

En cuanto al hecho de que las plataformas defensivas creadas al rellenar los muros de contención contuviesen restos de construcciones anteriores, nada de raro hay en ello. Antiguamente no existían "escombreras de áridos autorizadas"; hasta fechas muy, muy recientes los escombros procedentes de reformas o derribos en las casas de Sigüenza eran arrojadas a los patios. Fruto de ello es la altura inverosímil que a veces presenta el suelo de los mismos, y las curiosas sorpresas que puede deparar su desescombrado.

Para ilustrar las aseveraciones anteriores con un ejemplo, véase la siguiente piedra arrojada desde lo alto de los muros del castillo durante su "restauración" y recogida por el autor de estas páginas, quien con el tiempo la donaría al Archivo Catedralicio. Sirva como "Finis Gloriae Mundi"

Fragmento de inscripción conmemorativa en letra gótica; realizada en alabastro

Consideraciones varias

Esta estatuilla tuvo la mala suerte de aparecer en unas fechas en las que estaba de moda la por aquél entonces recién descubierta (1871) estatuaria ibérica del "Cerro de los Santos" en Albacete, que dio origen a que un aprovechado conocido como "el relojero de Yecla" sacase partido de la ingenuidad de los arqueólogos para "fabricar" esculturas ibéricas que luego vendería juntamente con piezas auténticas, sembrando la confusión. Precisamente fue Pierre Paris uno de los que desenmascaró la falsificación, por lo que es de comprender que fuese el primero en dudar de la autenticidad de "hallazgos casuales" realizados por labriegos. Esta estatuilla es comentada por Nuria Moreré en 1983 basándose en el testimonio de Paris:

Estatuilla de caliza, hallada en 1877 en el interior de la muralla del castillo de Sigüenza y publicada por Paris. Se trata de una figurilla de caliza blanca. La cabeza es de gran tamaño y ovalada, con dos cavidades muy grandes para los ojos. El cuerpo está cortado a nivel de las piernas. Los dos brazos están unidos delante del busto por las manos. No se conoce ningún paralelo y la datación es insegura. [Nuria Moreré, Carta arqueológica de la Región Seguntina, Guadalajara 1983, pag. 54]

A pesar de contar únicamente con unas fotografías del ejemplar encontrado en el castillo y con la descripción de la pieza encontrada -y destruida accidentalmente- por Galo Badiola, aparecen numerosas coincidencias entre ambas, que abogarían por la autenticidad de la pieza publicada por Pierre Paris. Recordemos que dicho autor juzgó la pieza únicamente a través de las fotografías (reconoce carecer de las dimensiones de la misma).

Alguna sugerencia

Antes de abandonar este divertimento, sí me gustaría realizar alguna consideración sobre la figurita, quizás injustamente olvidada. En este caso nos fijaremos en dos características que aparentemente posee: grandes cuencas de los ojos vacías y falta de figuras similares con las cuales comparar. Como siempre, disculpa lector mi atrevimiento.

Casco griego de tipo corintio
Casco griego de tipo corintio, s. VII a.C.
Exvoto ibérico muy tosco. La actitud es similar al del ejemplar encontrado en Sigüenza. Museo de Albacete
Exvoto ibérico sosteniendo vaso entre las manos. Museo Arqueológico Nacional nº inv. 7694

En fin, como siempre, espero que por lo menos haya servido este texto para dar a conocer este detalle muy poco conocido de nuestro pasado. Y si alguien se ha encontrado alguna vez por aquí un monigote de éstos, que lo diga, que todos se lo agradeceremos.

Marcos Nieto, Octubre 2004

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